domingo, 8 de abril de 2012

Cuarta Sonrisa

Al llegar de nuevo a Barcelona no me da ni tiempo de despedirme de mis amigos, me voy casi corriendo a mi casa para poder descansar un poco. Es bonito pensar en lo vivido pero es más bonito poder encender un ordenador después de tanto tiempo. Las fotografías han sido abundantes, las historias que contar también. Piso mi casa y veo que son las ocho de la mañana. No me importa la hora, me tumbo en la cama, me dejo caer, y permito que los ojos se me cierren, me permito dormir durante varias horas seguidas sin molestias, sin gente que se me acerque y me cuente su vida.

Lo cual suena incluso cínico. Pero me da igual el cinismo, me da igual lo que la gente piense de mí. O tal vez no. En realidad me importa, me importa mucho. Y por eso soy lo que soy, porque me importa. Porque no soy capaz de salir con un par de alas por la calle por el miedo a que me señalen con el dedo. Decido que lo haré luego, que debo dejar de tener miedo de ser yo misma, que debo hacer caso a él.

Me despierto y automáticamente abro mi ordenador, esperando ver alguna que otra notificación en Facebook, esperando ver alguna que otra mención en twitter o, tal vez, un comentario en youtube. En mi email encuentro, como es costumbre, un email de su parte. Me desea unas felices vacaciones de semana santa y me pide perdón porque no va a poder conectarse en, al menos, dos semanas. Dice que tiene trabajo, que va a estar fuera de su casa, que le encantaría poder comunicarse conmigo y que, tal vez, me llame.

Lo que pienso al leer esto empieza por un –¡Oh Dios Mío! ¡Por el amor de Merlín y Santa Circe y Morgana y todos los magos y brujas! –y termina con algo parecido a –Un tal vez… ¿Es un seguro o es un “quiero quedar bien contigo pero no pienso llamarte”? Y parece ser que no me equivoco mucho en mi pensamiento porque me estoy emocionando demasiado por recibir la llamada de alguien a quien no conozco en persona. Irene y Marc me dijeron que no importa si quiero y deseo a alguien así, que no importa cómo he de ser feliz, que nadie puede decirme o darme unas pautas para ello.

Mi semana santa empieza con una madre gritando y echándome en cara que debo recoger mi habitación y limpiar un poco la casa. Empieza con mi madre yéndose de casa para ir a trabajar. Hay algo que me dice que va a ser entretenida. Recibo una llamada y me pongo nerviosa, pero solamente es Marta. ¡Es Marta! Bueno, hace demasiado tiempo que no la veo, no porque no quiera si no por nuestros horarios…

Viene a verme, viene en media hora. Media hora que se convierte en unos segundos en cuanto me pongo a limpiar. Me alegro muchísimo al verla entrar por la puerta. Su mirada es de desaprobación al verme vestida como siempre, con un chándal que me hace parecer una pordiosera. Tiempo le falta y ya estoy frente a mi armario probándome cosas de chica que tengo por si acaso.

La risa me podría dar en breves porque Marta siempre es así, ni me saluda y ya está intentando que sea femenina, al menos un poco. Creo que podré llegar a serlo, o tal vez no. No me importa demasiado. Nunca me ha importado, nunca me importará. Pero mi vida puede dar un giro radical si me dejo por completo en sus manos. ¿Cuándo empezará a importarme lo que suceda con mi imagen? Es Semana Santa, tengo vacaciones y quiero seguir en chándal y despeinada porque me gusta la claridad que desprenden mis ideas en ésos momentos. Me despido de ella un rato después y me miro a un espejo. Vaya, llevo vestido, uno bonito de color rojo. No me niego a grabar un pequeño video en el que canto un trozo aleatorio de una canción al azar de la cual no recuerdo el nombre. Me siento hermosa por instantes. No sirve de nada que lo haga, sé que nadie me va a admirar nunca por mi belleza, solo lo harían por mi inteligencia. Y nadie lo ha hecho jamás.

Me siento frente a mi ordenador de nuevo a sabiendas que debería estar haciendo la comida antes de que llegue mi madre. Una historia surge de mis dedos, espera a ser escrita, me reclama mi lentitud con las teclas, me reclama el poco ahínco que le proporciono, lo poco que me curro su escritura. No escucho el sentimiento que transmiten mis dedos, no lo escucho para que no pierda su esencia, para que, simplemente, se plasme en la pantalla y quede ahí para mostrar a todo aquél que lo lea lo que significa. Una historia al azar, una guerra y un amor prohibido. Eso representa las letras que bailan en la pantalla. Tras ello me fijo en que sigo sola en casa y ya es tarde. Y no he comido. Ya se empieza a convertir en costumbre, últimamente apenas como. Debería remediarlo, lo sé. Me preocupo un poco por mi madre pero cojo una chaqueta, me la pongo sobre el vestido y salgo de casa dispuesta a buscar un restaurante donde poder comer algo y no tener que prepararlo, es la hora de la cena.

Una llamada resuena de nuevo en mi teléfono móvil, a lo largo del día varios amigos me han llamado. Nunca ha sido la voz que espero escuchar. Cambia mi suerte una vez más, cambia mi suerte y no puedo evitar sonreír por completo. Estoy en medio de la calle, las luces me llenan el alma, me obligan a mirar a mi alrededor. Y la voz ronca resuena en mis oídos y me eleva hasta donde el neón no se ve, me permite dejar de estar en esta calle, en este momento, con este aspecto. De nuevo soy solamente yo.

—¿Molesto mucho? —Y lo ha preguntado en inglés. Y es una voz preciosa, es una voz alucinante. Me sonrojo notablemente, me alegro de que él no pueda verlo. Quiero decir algo bonito, algo cursi, algo que se parezca a un “nunca molestarías”. Lo único que sale de mis labios es una frase entrecortada.

—¿Por qué ibas a molestar, P?

No lo sé, tus horarios, creo que deberías estar cenando ahora mismo y… Nada, olvídalo ¿Cómo estás?

—Estoy bien, llegué hace dos días del viaje que te comenté. —soy apenas capaz de armar una frase sin ponerme nerviosa. Él parece mucho más calmado, más maduro que yo. Me anima su actitud.

—¿Te apetece explicarme cómo te fue o aún soy demasiado desconocido como para ello? —más que dolido suena esperanzado, realmente puede estar creyendo que no quiero nada, que no quiero que me hable. Tal vez aún mantiene en su cabeza la imagen de mí siendo una escritora diva. No quiero que piense eso de mí. Me siento en un bordillo y empiezo a explicarle cosas.

Y parece que incluso pasan horas pero él admite que ha elegido una tarifa para pagar únicamente él. Esto me molesta porque no quiero que se gaste su dinero en alguien como yo. Siempre responde que todo el dinero sería poco para alguien con una sonrisa tan hermosa como la mía. En ése punto callo sin entender pero poco a poco recuperamos la conversación. Es amena, muchas veces se tiene que parar para repetirme la frase con lentitud y que yo la entienda. Mis anécdotas transcurren una tras otra y apenas cuando noto que el cielo ya está demasiado oscuro escucho algo extraño al otro lado de la línea. Es un:
“Date prisa, tío, tenemos que hacer las pruebas de sonido y te necesitamos, luego hablas con tu novia y le cuentas las guarradas que quieras.”

Puedo incluso jurar que se ha sonrojado aunque no puedo verlo. Sigo sin conocer su rostro así que no alcanzo a dar un tipo de reacción exacto con su cara. Sé que debe ser adorable. Emite una disculpa rápida y nos despedimos. Me parece realmente adorable, me parece extraño que me parezca así. Supongo que es el amor. Sé y acepto que aunque fuera feo continuaría enamorada de él. ¿Qué me ha hecho? ¿Por qué no puedo dejar de pensar en ello? Su voz se ha quedado grabada en mi memoria, su voz no para de sonar en mi cabeza con sus tonterías. “No suelo hablar con la gente, no me gustan las personas” me ha dicho en un momento dado. Lo podría aplicar a mi propia vida, lo sé, pero no lo hago y me retiro al primer bar que encuentro para conseguir un bocadillo de tortilla o algo similar. Realmente me muero de hambre.

Y mi semana santa transcurre entre dibujos y pinturas al óleo, entre escritos que se pierden los unos entre los otros y entre proyectos de historias largas que no me decido a escribir. Es una semana santa interesante, en especial porque todos los días a la misma hora recibo sus llamadas. A veces largas, a veces cortas, siempre interrumpidas por alguien que le necesita para algo. Me pregunto en qué trabaja exactamente.

4 comentarios:

  1. Realmente no se puede decir mucho: en apariencia una túnica rosa ataviada con los toques de Nana que dan a uno para pensar en seguir leyendo por el puro placer estético de unas palabras bien encajadas. No soy muy aficionado a este tipo de escritos así que no puedo decir demasiado; dejémoslo en que has hecho que me guste un romance (NO VOY A EMPEZAR CON LO DE "BETTER LOVE STORY THAN TWILIGHT").

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    1. Joder. Qué comentario más guay. Sí, bueno, supongo que deberé continuarla quiera o no quiera. Solo para seguir leyendo que a TI -precisamente a ti- te gusta un romance.

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  2. Oye Nana, desde que leo tu foro me pregunto si esto ya lo tenías escrito o_o o si lo escribes a la marcha, porque clavas el tiempo xD Por cierto, de nuevo decirte que me encanta ^^

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    1. Pues tengo escrito hasta el ocho, así que... xD

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